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...de bryceano gusto, de ironía precisa, de todos los santos, de svástica piel tatuada, de invierna constitución, de trovador oído, de fulminante emoción, de ambivalente numeroletras, de ebullición sanguínea, de recuerdos recurrentes, amiga de tus amigas, de poética solvencia, de imposible blanco, de resuelta respuesta, imposible de melodramas, pero sensible entre las aves... y por tanto de inoxidable corazón. (sic)

Saturday, September 16, 2006

Claude: Libro III

- Alo?
- ………
- Alo?
- ………
- Por Dios, son las 2:45am, al menos di tu nombre o no llames!!!.
- Claude…
- uhm… si, quién eres? Por qué llamas tan… tan temprano o tan tarde? –era una voz de mujer, pero no sabía exactamente quien era, por la hora pensé que sería Tami, pero ella nunca llama, y mucho menos para quedarse muda del otro lado del auricular… así que no quise adivinar más, creo que tenía miedo de volver a caer y no tener a Tami a mi lado para que me tranquilizara-.
- Claude… soy… soy… soy yo, Maria Fernanda
- Mafer…
- Si, disculpa la hora, la verdad es que no puedo dormir. Hace 3 días que sueño contigo y… te extraño mucho. Por un momento pensé que solo era un sueño y no una pesadilla. Aún conservaba el deseo de escuchar su voz o sentir su presencia, pero nunca pensé que eso se haría realidad.
- Mafer… -no lograba salir de mi asombro-.
-Entiendo que debes odiarme por lo que paso y por como me comporte, pero si no quieres escucharme dímelo, dime que me odias y no te vuelvo a fastidiar. Sabía que en el fondo no lo haría, y que no la odiaba, por eso quizá dijo esas palabras.
- Sabes que no es así… yo aún… también te extraño.
- Podrás disculparme algún día?
- No te odio.
- Lo sé… y… es muy tarde ahora, pero quiero verte, mañana podríamos conversar si te parece.
- Claro, mañana.
- Entonces mañana te llamo… amor.
- … si mañana.
- Que descanses, un beso, buenas noches.
- Igualmente.
Colgué y me volví a recostar sobre mi almohada como si nada hubiera pasado. Cerré mis ojos y todas las palabras que Maria Fernanda me había dicho pasaron por mi cabeza otra vez. - Tami –salte de la cama y grite media ahogada, llorando- Tami, por qué te fuiste, justo cuando más iba a necesitar de ti. Si tan solo te hubiera pedido que no te vayas –y deje caer el teléfono porque de nada servía ahora marcar su número, no ahora que ya ella estaba en Alemania.
Maria Fernanda llamo al día siguiente por la tarde, como lo había prometido, me invito a almorzar, comimos pastas en un lugar tranquilo y bonito. Estaba un poco nerviosa pero a la vez algo emocionada. Algo dentro de mí me decía que no iba a ser la última vez que nos viéramos. Y fue verdad.
Esa tarde me pedió volver con ella, me dijo que lo sentía mucho y que me extrañaba, que aún no había dejado de quererme. Yo accedí, como era de esperarse, supongo que de alguna forma Tami también lo sabía, por eso ya no estaba aquí. El almuerzo trajo consigo varios encuentros más, llegue a olvidarme de lo que había sucedido meses atrás, y de Tami también. Deje de escribirle y hasta de leer sus mails, no tanto por la presencia de Maria Fernanda, sino porque en el último mail que leí me contaba que había logrado conocer a una chica, mayor que ella por 2 años –pero nos llevamos bien Claude, es muy alegre y divertida, sobretodo madura, y le encanta leer-. Tenía la piel clara, como tanto le gustaba, era su debilidad, el pelo corto, rubio, ojos claros, pequeñas pecas en el rostro y parte de su espalda. No se más de ella, solo que se llama Alexandra, y no porque Tami no hubiera contado más en el último mail que leí, o porque hubiera dejado de escribir, sino porque me dolió saber que entre ella y yo…. No. Era inútil, ya estaba muy lejos, y yo nunca me movería de aquí. Cerré el correo con la intención de dejarla ir de mi vida, no quería llorar otra vez… pero ahora, por alguien que si valía la pena, y que perdí por mi culpa. La deje ir, como lo hice en noviembre del 2004.
Y aquí estaba yo otra vez, sumergiéndome en este pantanal que era mi vida sentimental.
Los siguientes días que le sucedieron al almuerzo mi vida empezó a cambiar. Maria Fernanda y yo nos veíamos más seguido, ella decidía que haríamos durante la noche, saliendo del trabajo –…te paso a recoger amor- o de repente ni bien llegara a casa –…me llamas cuando llegues para ver donde nos encontramos si?-, algo que si bien al principio me desconcertó un poco, se me fue haciendo tan cotidiano que me empezó a gustar y termine acostumbrándome a ello. Ni bien eran las 5:30 de la tarde mi celular empezaba a timbrar, era ella, ya me estaba llamando o escribiendo, y yo muriendo de ganas por querer que sean las 6pm para poder retirarme.
Durante la semana nos veíamos para comer, ir al cine, pasear por las librerías o simplemente para tomar algo, claro, no podía ser café como tanto a Tami y a mi nos encantaba -… no amor, café no porque me da dolor de cabeza, ya sabes, mi migraña-, pero pasábamos largas horas charlando sobre las cosas que nos habían pasado durante el día en el trabajo.
A ella le empezaban a asignar más clases de tutoría en la universidad, muy aparte de las del curso que dictaba, Literatura Grecorromana I, y hasta podía que el siguiente ciclo empiece a dictar el curso de latín. En dos semanas a mi me ascendían a gerente del área de sistemas en el banco en que trabaja, lo cual significaba un aumento en mis ingresos bastante generoso. No se porque preferí no contárselo de inmediato, aunque si tenía muchas ganas de festejar con alguien… alguien que ya no estaba aquí. Los fines de semana tratábamos de pasar juntas la mayor parte del tiempo posible, a veces nos quedábamos dos días en algún hotel, otros solo una noche, pero igual, siempre la pasábamos bien.
- …me vienes a buscar a las 5pm ya bebe?
- Y por qué no antes?
- Tengo que almorzar con mi madre, ya sabes como se pone cuando sabe que voy a salir contigo, pero al menos lo tolera.
- Esta bien amor, a las 5 voy a tu casa. Te timbro cuando este a una cuadra para que no me hagas esperar.
- jajaja, esta bien, te amo… un beso.
- yo también, besos.
Primero decidimos hacer una parada en algún lugar para comer comida chatarra, cosa que no hacíamos muy seguido por cuidar la “línea”, pero lo disfrutábamos cada vez que se podía. Era gracioso verla comer una hamburguesa, hasta tierno diría yo, ver como se manchaba las manos, la boca, y a veces la blusa con la cantidad de salsas que le echaba a su pan -perdón, que vergüenza, pásame una servilleta por favor si no quieres que embarre el resto-, me olvidaba que había gente alrededor y simplemente limpiaba el borde de sus labios con mis dedos para luego simplemente llevármelos a la boca. Sabía que a ella también le gustaba en lugar de incomodarla o sonrojarla, por la manera dulce en que me miraba y sonreía, y sin importarle nada volvía a comer, sin servilleta con que limpiarse… sabía que siempre estaría ahí para lo que sea que me necesitara. Terminando de comer nos dirigimos al baño, no con el objetivo de lavarnos las manos, sino de poder besarnos y abrazarnos, algo que no podíamos hacer en lugares públicos… absurda sociedad de mierda.
Dieron las 9 y salimos del bembos que quedaba en Miraflores, frente al parque Kennedy, abrí la puerta trasera del taxi, que nos llevaría al hotel que solíamos frecuentar en nuestro primer intento de relación, y Maria Fernanda subió.
- Buenas noches.
- Hola, una habitación.
- Su dni por favor.
A pesar que ya nos conocían siempre pedían el bendito documento para poder entrar, y yo tenía que aguantar aquel procedimiento engorroso y vergonzoso bajo las miradas de las parejas heterosexuales que entraban y salían del hotel. Aun no terminaba de acostumbrarme a esa situación. Eran las 9:34 cuando entramos a la habitación 501 y Mafer prendió la tele. Yo me dirigí al baño a lavarme las manos y mojarme un poco la cara. Ella solo se recostó en la cama mientras yo baja la intensidad de la luz de las lámparas, para darle un toque más romántico a la habitación. Me quite los zapatos, y desabroche mi pantalón, me quite el abrigo y las chompas que llevaba encima, me quede solo en ropa interior y levante las sábanas de la cama para poder meterme y acurrucarme a su lado, pero ella seguía prendida de la tele, haciendo zapping porque no había nada interesante.
- amor métete a la cama, hace frío.
- está bien.
Y mientras era ella ahora quien se desvestía empecé a cambiar los canales. Se recostó a mi lado y me pidió que la abrazara mientras seguía cambiando de canal.
Quizás sea verdad que el destino nos envíe señales cuando menos lo pensamos, o en lugares que ni nos imaginamos, siempre aparecerán, y de la forma más extraña.
Entre zapping y zapping llegue al canal 74, donde estaban pasando una de mis películas favoritas.
- No amor, cambia eso, sabes que no me gustan las películas de terror.
- Pero… no es cualquier película, es el…
- No me interesa, dame el control –casi arranchándomelo de las manos-, o vemos otra cosa o simplemente lo apagamos. Justo estaba en la escena más sangrienta, cuando la chica rubia de pelo corto, empieza a matar a la familia de su amiga. Era el despertar del miedo, no era cualquier película, fue la última que vi con Tami, cuando me cobijó en su cama el día en que Maria Fernanda había destrozado mi corazón. No me explico muy bien que sentí en ese momento, solo sé que cada palabra que me había dicho, su frialdad, su mirada hiriente, todo paso por mi cabeza cual cortometraje de proyección barata, y los brazos de Tami tratando de calmarme. Deje que eligiera el canal, y justo cogimos una película que vimos desde el principio hasta el final. Eran ya las 12:06 cuando Maria Fernanda apago la tele y dejo el control en la mesita de noche, empezó a besarme y se echo sobre mi. Me pidió que desabrochara su brasier, y con un leve gemido en mi oído me incito a que la acariciara, a desnudarla totalmente para hacerla mía. Empecé tocando su rostro, besando sus ojos, su frente, su nariz, sus labios… me encantaba morder sus labios y besarla frenéticamente, me gustaba excitarla de esa manera. Era la primera noche que pasábamos juntas después de que volvimos. La acaricie despacio como para que mis manos y mi corazón reconocieran aquel cuerpo que alguna vez había tocado. Después empecé a besar su cuello, teniendo cuidado de no dejar ninguna marca, baje por su pecho hasta llegar a sus senos, besándolos, acariciándolos, recordando tal vez noches del pasado. La excitación era tal que me olvide de todo, olvide que era Maria Fernanda la mujer que estaba en la cama en ese momento conmigo, el sabor de su cuerpo me parecía extraño, desconocido, mi cabeza y mi corazón no lograban recordarlo… y mi alma me jugo una mala pasada.
- Qué sucede bebe?
- … nada… nada amor.- Se apoyo sobre sus brazos mientras me miraba confundida y asustada, pensé que se molestaría por haberme detenido de esa manera tan brusca.
- Y por qué prendes la luz?. Estas bien?
- Si, lo siento, solo que… me parece un sueño que estés aquí, de nuevo, conmigo.
Falsas palabras, hipócrita, miedosa, por qué no le dijiste la verdad? Por qué no te detuviste?-, iba pensando mientras apagaba la luz y volvía a besarla. No debí hacerlo, al menos no en ese momento, no esa noche. Al final terminamos disfrutándolo, quizá ella más que yo. Yo me excitaba pensando en Tami, creyendo que era ella a quien tocaba esa noche en la cama del hotel, recordando la noche que pase en su casa. Y Maria Fernanda, solo se excitaba con mis caricias, pensando que producían en mi lo mismo que ella podía estar sintiendo.
Pasaron un par de días y llego la época del festival del cine y la feria del libro, al cual asistíamos fervorosamente desde que tengo uso de razón y ella también, la diferencia ahora es que íbamos juntas, a veces le gustaba elegir libros por mi, pero cuando no me gustaban simplemente prefería evadir sus opiniones con cualquier comentario absurdo –amor mira, no es ese German… ahí, mira bien, el de casaca marrón, al fondo- y terminaba alejándonos de la estantería de donde no pensaba comprar libro alguno. La semana siguiente de la feria del cine y del libro me ascendieron y no solo triplicaron mi sueldo, sino que me dieron un bono especial. El único problema es que Tami no estaba aquí y después de dejar de escribirle me dio vergüenza hacerlo otra vez solo por aquel motivo. Así que opte por lo que casi siempre solía hacer cuando me sentía triste. Fui directo a la tienda… no a cualquiera, iba a comprarme lo que había querido desde que tenía 12 años, una mitsubishi montero, una 4x4, plateada.
- Mire su interior, es bien amplia, tiene doble tracción y…
- donde firmo? El auto era completamente mío, pero ahí no terminaría todo, al menos no ese día.
Ya había estado buscando unos departamentos en san isidro y miraflores, distritos que me gustaban mucho y guardaban un aroma muy sentimental y bohemio. Aparte de eso, los depas antiguos que habían sido construidos en esos dos distritos eran los más grandes y mejor distribuidos. No le comente nada a Maria Fernanda hasta tener las llaves en mis manos. Es más, ni si quiera fui yo quien la llamo para darle la noticia. Por un momento me había olvidado de ella.
- Amor, donde diablos te has metido, han pasado 3 días y no has contestado mis llamadas ni mis mensajes.
- Lo siento… -trate de pensar en algo rápido para que no vaya a pensar mal de mi ni siguiera interrogándome- … estuve algo enferma y no pude avisarle a nadie.
- Pero qué te ha pasado? Ya estas mejor? Donde estas? Estoy preocupada –dijo casi llorando-.
- Tranquila, estoy mejor, en mi casa y…
- Esta bien, entonces voy a buscarte, quiero verte.
- No.
- Perdón?
- No amor, no vengas a buscarme, yo te voy a buscar. En media hora estoy en tu casa si?
- En media hora? Estas segura?
- Espérame lista, que en media hora estoy por ahí.
Todo el camino fui pensando en alguna excusa más o menos creíble, aunque eso era lo de menos, lo que me preocupaba era en cómo iba a enlazar la compra del carro, el depa y mi enfermedad? O es que me enferme de la alegría por haber recibido tantas cosas de sorpresa?
- De donde has sacado esto? – y ahí estaba ella, parada delante de la puerta principal del edificio donde vivía. Asustada, perpleja, incrédula y a la vez algo emocionada.
- Te gusta? Es hermosa verdad?
- Si,… noooo! Que mierda ha pasado? No estabas enferma? –y me aparto de su lado con un fuerte empujón cuando trataba de abrazarla-
- Si y no, amor deja que te explique… te voy a contar todo pero quiero que subas al auto y me acompañes. Igual iba a subir porque ya estaba fuera de su casa, y su mamá ya sabía que pasaría a recogerla, es más, la señora siempre miraba por la ventana de su departamento que daba a la calle, a la puerta, exactamente al lugar donde siempre me estacionaba, cuando lo hacía con el auto de mi padre. Se molestará por unos minutos, pensé, pero igual no podría durar para siempre después de la proposición que iba hacerle.
- Y este es mi departamento.- mientras habría la puerta lentamente-.
- Qué?
- Quiero que vengas a vivir conmigo, hay suficiente espacio para las dos. Además, estaremos
cerca de todo lo que nos gusta.
- Primero quiero que me expliques que te ha pasado en estos 3 días y de donde has sacado todo esto? Acaso estas vendiendo droga?
- Jajaja, droga? Por Dios amor, sabes que ni si quiera estaría dispuesta a probar esa porquería por ti y me vienes a decir que estoy vendiendo droga?
- Entonces… como explicas tu desaparición y el auto… y el depa?!.
Mencione algunas frases mezcladas con depresión, alguna muerte familiar inexistente, un par de problemas en mi trabajo, algún desmayo y después el ascenso. Con tantas impresiones juntas es obvio que ningún cuerpo lo resistiría. A la semana siguiente ya se había instalado con sus cosas en mi depa, en el que ahora era nuestro departamento, nuestro hogar. Sentí que la relación iba mejorando, y que ya no necesitaba de nada ni nadie más para estar feliz. Sentía que lo tenía todo, un buen puesto de trabajo, un depa, un auto, y el amor de mi vida había regresado a mis manos. No habían rastros de la Maria Fernanda que alguna vez me lastimó y me hizo llorar, ahora era otra… era otra, una completa desconocida, pero muy agradable, sensible, amorosa, todo lo que había deseado en nuestro primer intento de relación.
Con el ascenso llegaron un par de viajes y me quitaron el tiempo que siempre solía pasar con mi novia –me gustaba mucho usar ese adjetivo al hablar de ella-, me fueron alejando poco a poco de ella, aunque yo seguía sintiendo el mismo amor, y con la misma intensidad.
- Bebe apresúrate. Ya son las 2pm, se te hace tarde.
- Ya salgo
- Acuérdate que tienes que registrarte y pasar por migraciones. Era 7 de marzo, y ya había pasado un año y medio desde que Tami partió, y ahora me tocaba a mi. No iba a su encuentro, pero estaría fuera de casa por un mes, por trabajo también.
- Alo?
- ….
- Alo?
- Quién es amor?
- No lo sé, aun no responden.
- Se encuentra Claude?
- Si un momento…. Amor te llaman, pero date prisa.
Era Tami, justo el día en que salía de viaje y estaba sobre la hora, no tendría mucho tiempo de hablar, y menos de entrar a detalles y explicaciones. Recuerdo que nuestra conversación no duro mucho, pero le llegue a confirmar que ahora vivía con Maria Fernanda, sí, la que alguna vez me había abandonado. -Pero no te preocupes Tami, esta vez no sucederá así, ella ha cambiado, tanto así que me da la impresión de estar con otra persona, ni tu la reconocerías, ni creerías todo lo que te conté esa noche en tu casa-. No le dije nada de eso, ni que salía de viaje, no se por qué, solo me despedí diciendo que estaba ocupada y prometiendo que le escribiría.
Estuve un mes por New York pero no pude conocer muchos lugares, me dedicaba más a trabajar y a pensar en Maria Fernanda, y en lo mucho que me hacía falta. Realmente la extrañaba.
Las primeras semanas contestaba mis 2 llamadas que hacía al día, pero la frecuencia de nuestras conversaciones fue disminuyendo con el pasar de los días, a veces contestaba solo una llamada, hasta que llegue a hablar solo con la contestadora, tanto de nuestro departamento como el de su celular. No le tome mucha importancia, pensé por un momento que sería la carga de trabajo y las horas extras que debía estar haciendo para no extrañarme tanto. Al menos no tanto como yo lo hacía.
Al mes regrese a lima, a casa, lamentablemente Maria Fernanda no llego al aeropuerto a recogerme, quizá tuvo que ir a casa a ver su familia, o alguna llamada de último minuto. Entre a mi departamento algo cansada por el viaje, tome una larga ducha mientras esperaba que ella llegara, pero fue en vano. No aguantaba más el cansancio y me eche a dormir. Eran las 10pm y aún no tenía noticias de ella, bueno es domingo, día de familia, así que no hay nada de que preocuparse, no creo que le haya pasado algún accidente… o si? No, no lo creo, esas cosas son las primeras en saberse. Así que apoye mi cabeza sobre mi almohada y me quede dormida.
Desperté gracias al despertador de mi celular, pensando que sería una llamada, porque el despertador de mi velador no lo había escuchado. Me duche y cuando iba al cuarto para cambiarme me percate en que Maria Fernanda no había vuelto. Su lado de la cama estaba intacto. Conducía rápido hacia el trabajo porque ya se me hacía tarde, mientras no me cansaba de timbrar a su celular y dejarle un mensaje más, solo por si acaso se borraran los otros. No tuve noticias de ella hasta la tarde, a la hora del almuerzo, en que llamo para decir que llegaría un poquito tarde a casa… algo con sus tías. Sentí sus pasos como a las 12:19am, no le dije nada hasta que se recostó en su lado de la cama sin siquiera abrazarme.
- Donde has estado? Por qué no contestabas mis llamadas? Te espere en el aeropuerto.-no prendí la luz ni me volteé, preferí quedarme tal y cual estaba, apoyada sobre mi brazo izquierdo, echada de costado.
- Lo siento, problemas familiares… a mi mamá ya no le gusta mucho la idea que viva fuera de casa.
- uhm…-no quise decir más para que no se percatara que mis lágrimas mojaban las sábanas.
Sentí rabia al ver que ella no hacía el mínimo intento de acercarse, después que habíamos estado separadas por más de un mes. A pesar de lo que me dijo ese día en la noche, sobre su madre y la idea de vivir fuera de casa, no regreso con ella ni mudó sus cosas, todo seguía igual, me refiero a sus cosas y al departamento, nuestro departamento amor, porque hay suficiente espacio para las dos.
Pensé que su distanciamiento hacia mi duraría los primeros días, pero ya llevábamos así dos meses, y con el pasar de los días sentía que se alejaba más… la estaba perdiendo otra vez. Creo que habíamos cambiado, bueno, ella había cambiado, y yo…solo seguía siendo la misma estúpida que limpiaba sus labios cada vez que comía. Pasaron veintiún días más del cuarto mes y decidí que le escribiría a Tami, ya no podía seguir aguantando tanto sufrimiento sola, al menos ella iba a leerme y darme algún consejo sano… o quizá me haría reír por un momento. Le conté todo, desde aquel día en que decidí no escribirle más ni leer alguno de sus mails, hasta mi viaje y lo que estaba pasando con Maria Fernanda. De repente obtenga una respuesta del “yo te lo dije” o “sabía que se comportaría mal contigo otra vez”, pero necesitaba saber que aún se preocupaba por mi… que al menos alguien lo hacía.
Imprimí el mail que le acababa de mandar, y me lo copie a mi otro correo, solo por si no le llegaba. Espere frente a mi computador en mi oficina, sin hacer nada, por 2 horas… y la respuesta que esperaba no llegaba… quizá debía llamar.. si eso era, tenía que llamar para cerciorarme que nada le había pasado, que aún seguía viva. Marque su número 5 veces, pero no obtuve respuesta, solo una grabadora con algún mensaje en alemán, que no entendía ni una sola palabra. Ni modo. Dieron las seis y decidí retirarme, no sin antes revisar mi correo… solo por si Tami decidía responder a último minuto… pero no. Eran las 6:08 cuando estaba apagando mi computador y recibí un fax... “Siempre es bueno memorizar los datos de los dni no?”.
- Qué locura es esta? Quién mierda ha mandado este fax? Sin remitente ni mensajes claros, maldición, no tengo tiempo para estas bobadas.
Arrugue el papel con cólera y lo arroje a la basura. Salí de mi oficina y cuando estaba subiendo a mi camioneta la palabra “dni” me sonó muy familiar. Regrese corriendo a abrir la puerta de mi oficina para recoger el papel antes que el personal de limpieza lo hiciera. Justo un señor venía tras de mi cuando me tire al suelo solo por aferrarme del tacho de basura y recuperar el fax que había tirado minutos atrás. “Siempre es bueno memorizar los datos de los dni no?” Revise el fax y los número desde los cuales había sido contactado… “es la magia de la tecnología” lograba decirme mientras prendía mi computador para entrar a las página de telefónica y buscar dicho número y su procedencia.
- Se encuentra bien señorita o quiere que llame a un médico?
Cual habrá sido la expresión de mi cara y la fuerza con que caí sobre mi sillón al ver la procedencia del número de donde me habían enviado el fax. Sudaba frío y estaba pálida, las manos y las piernas me temblaban. Mis ojos cada vez se ponían más rojos y mi cabeza daba vueltas. Sentí nauseas, ganas de vomitar…
- Dios mío, tengo que irme.
- Señorita… espere…
Casi choco con 2 autos y una combí, y es que eran mis nervios y la premura de llegar a tiempo. No pensaba en nada más, todo empezaba a pasar por mi cabeza otra vez, cual cortometraje presentado en el festival, pero el corto más malo que haya visto, con la peor actuación… o mejor dicho, con la peor actriz que pudo elegirse.
- Tranquila, respira hondo, estas imaginando cosas gracias a alguien que ni si quiera se ha identificado… es solo un fax anónimo, tranquila. Baje del auto, entre al edificio y…
- 403 -escuche gritar desde la recepción mientras me acercaban una llave-.
Subí las escaleras temblando, apoyándome a la pared y al barandal porque mis piernas ya no tenían fuerzas. Escuche un poco de bulla al acercarme a la puerta del cuarto… no quería pensar que es lo que encontraría al insertar la llave y girar la perilla. Encendí la luz cuando de pronto...
- Claude…
Baje corriendo, lo más rápido que pude mientras mis pies tropezaban de vez en cuando. No volví la mirada atrás y seguí corriendo hasta subir a mi auto y arrancar, pero esta vez sin rumbo alguno, pero igual salí directo a miraflores, al café Z, aunque no estaba tan segura, porque las lágrimas nublaban mis ojos… y la razón también. Estacione frente al café y salí del auto. Un café me caerá bien, supongo que es lo que me hubiera sugerido Tami al enterarse de semejante noticia. Me senté en la barra donde ella y yo nos sentábamos cada vez que íbamos a ese lugar, que ya se empezaba a hacer tan lejano a mi.
- Hola…, perdón, que te traigo.
- Un vietnamit… y una hoja por favor.
A pesar que no había pedido el bolígrafo, la niña que me atendió, muy amablemente me lo trajo, por algo no pedía el papel. Pensé en escribir un borrador del mail que le escribiría a Tami contándole de lo mucho que la quería y que la extrañaba, sobretodo que la quería y que me había dado cuenta algo tarde. Escribí una carta algo extensa, con lágrimas incluidas, sin percatarme que aún seguía en el café. Terminada mi carta pague el café y me subí al auto nuevamente. Deje el papel mal doblado en el asiento derecho… - A veces es necesario llevar una consigo, sobretodo cuando se tienen autos como el suyo señorita, debería tener algún tipo de protección. Recordé aquellas palabras del hombre que me vendió la calibre 48 el mismo día que compre la camioneta y de cómo odiaba tanto que me digan señorita. Sabía que la tenía por algún lado, dentro del auto. Me estacione frente al mar, no muy lejos del café, pero tenía buena vista. Eran ya media noche, no había mucha gente en la calle y Maria Fernanda aún no había llamado, supongo que por vergüenza, o porque aún no encontraba alguna explicación perfecta, algo con lo que dejarme tranquila al menos por un par de días. Mire el reloj nuevamente, el arma al costado de la carta para Tami, y decidí añadir un par de líneas. Guarde mis llaves y un par de cosas dentro de un pequeño maletín con clave. Llore hasta que sentí mis ojos reventar, y sin poder conseguir alguna respuesta a lo que había sucedido aquella tarde, y quizá otras tardes más. Era la 01:42 cuando cerré mis ojos y pensé por última vez en Tami, y lo felices que pudimos haber sido si es que no la hubiera dejado ir.

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